POR LO MENOS SE INTENTA
Colombia y el fundamentalismo

Foto: Linio
     

Le "robé" la frase a Ricardo Romero Silva para el título de mi post. Este excelente escritor colombiano, que en sus columnas en el periódico El Tiempo logra traspasarte la piel y elevarte al aliento de la vida, comenzó su artículo "París" con las siguientes palabras:

Parte de mi familia está en París. O sea que ni los de allá ni los de acá dormimos bien luego de la masacre del viernes. Se nos fue el fin de semana repitiéndonos los unos a los otros la frase más humana que hay: la plegaria breve “todo va a estar bien”.

     Y lo terminó así:
No la resignación, no, la resistencia: la manía de vivir como se es a pesar del miedo, de cerrarle las puertas de la casa a la violencia, de dejar que sean los políticos los que vivan de engendrar vengadores, de atrincherarse en la familia mientras pasa el duelo, de velar a las víctimas, de reconocer a los ninguneados, de no desdibujarse ni morder la carnada de los desesperados.

Mi familia de allá pregunta qué tal se ve lo de la paz acá en Colombia. Y, viéndolo bien, la respuesta es “por lo menos se intenta”, por lo menos se llama menos a la guerra desde la tribuna, y se resiste.

     Los colombianos que aún abogan por la guerra, pues los hay y no en menor cuantía, deberían alzar un tanto la vista hacia un conflicto que acompaña a la humanidad desde siempre y que se sigue dirimiendo en la muerte, como acaba de pasar en la capital cultural del mundo occidental, su objetivo de vida. Es de una tozudez sin límites seguir intentando borrar al que piensa diferente. 
     Aquí en Colombia, donde vivo felizmente, se ha resistido y se seguirá resistiendo porque la vida lo precisa y porque la esencia del colombiano es esa. Resistiendo contra sus fundamentalistas para continuar con la manía de vivir como se es a pesar del miedo.

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