El Valle de Nipe (IV)

Las grandes inversiones de capital y el surgimiento de los pueblos en el siglo XX



 Las investigaciones históricas sobre economía regional afirman que una región, como realidad natural e histórica, aparece casi siempre engendrada por mecanismos económicos. De hecho cada espacio funcional se especializa en aquello para lo que dispone de ventajas comparativas netas(9).
 La bahía de Nipe, la más grande de Cuba, reúne características muy especiales para el comercio marítimo al contar con estratégicas ensenadas y penínsulas donde construir grandes puertos. A la misma vez dispone de un inmenso y fértil valle que casi la rodea en toda su extensión. Un macizo montañoso, en su extremo este, cargado de valiosos y estratégicos minerales completan su excelente disponibilidad para la expansión de la vida civilizada. Todo esto definió a la zona, luego de varios siglos de espera, como una de las más prometedoras de Cuba al entrar el siglo XX. Los inversionistas norteamericanos no sólo se dieron cuenta de ello, sino que invirtieron grandes capitales en sus principales riquezas. Construyeron puertos, desarrollaron la agricultura de cultivos como nunca antes y levantaron industrias azucareras en todo el entorno.  La industria minera, que hasta ese momento no existía, se convirtió, en medio siglo, en una las más importantes del país, rivalizando con la azucarera, la cual tuvo un auge sin precedentes en todo el valle.
 Todo esto necesitó de una infraestructura para su desarrollo y explotación, que se fue levantando en la medida que las industrias iban apareciendo en el paisaje.  Este paisaje, que al concluir el siglo XIX estaba repleto de bosques tropicales, fue descubriéndose, en tan solo dos décadas, en grandes extensiones de plátano y caña de azúcar.


 En Nueva York, a un año de concluir la guerra Hispano-cubano-norteamericana, se fusionan tres compañías y se funda la United Fruit Company (UFC). Parte del capital y las tierras que poseía la familia Dumois en el entorno de la bahía de Nipe, a través de la Boston Fruit Company y de la cual eran accionistas importantes, entran a formar parte de la nueva empresa. Dos de los hermanos Dumois, Hipólito y Simón, son parte de su Junta directiva.



Fachada del viejo edificio de la United Fruit Company (UFC) en Nueva Orleans
Luego de concluir la guerra, la UFC, ahora con todas las garantías para invertir su capital de manera segura tras la intervención de Estados Unidos y las facilidades abiertas al capital norteamericano, reanudó la explotación del banano y puso su mirada y objetivo en la industria azucarera. La zona, luego de varios siglos de promesas y buenos augurios, finalmente le abrió los brazos al capital industrial, que por entonces arrastraba al mundo a un segundo aire de crecimiento generado por la revolución industrial del siglo anterior.

  Desde tiempos coloniales se conocía la zona como tierra de perdigones. El mineral laterítico, suelo propio de regiones cálidas y húmedas, que cubre toda la zona entre las montañas y la costa, le otorga a la tierra un color rojo ladrillo. Esparcido por todos lados se observan, a simple vista y formando concentraciones de mineral semejantes a perdigones, pequeños trozos de roca con un elevado contenido de hierro. Este mineral es el responsable del característico color rojo que posee la tierra del lugar, que al ser arrastrada por y a través de los ríos y aluviones, transforma la superficie en un caparazón ferroso duro y espeso: la laterita.


Andrew W Preston. Gerente General United Fruit Company
  En los Estados Unidos algunos comenzaron a llamarle a las nuevas ideas inversoras de la UFC: “la locura cubana de Preston”. En medio de las transformaciones socio-económicas que vivía el país durante los cuatro años de intervención norteamericana, reactivaron la producción de banano en las más de setenta mil hectáreas de tierras obtenidas en la fusión y comenzaron la construcción, en un cayo de la bahía de Banes, del primer central azucarero: el Boston.

Por fin la República

La segunda y última guerra de independencia de los cubanos contra el ejército español (1895-1898), a pesar de haber transcurrido en un tercio de tiempo en comparación con la primera (1868-1878), ha sido considerada como la más sangrienta de la isla en toda su historia. Arrasó con una economía que, en algún momento del siglo XIX y a pesar de su estrecho margen exportador y condición colonial, llegó a posicionarse entre las diez más fuertes del mundo.
 Las pérdidas que ocasionó la guerra para Cuba no solo fueron materiales. La cantidad de muertos, entre civiles y militares, más la emigración, redujo la población de la isla, cercana al millón ochocientas mil personas según el último censo colonial de 1887, hasta algo más de un millón y medio de habitantes en 1899, cuando la administración norteamericana que gobernaba Cuba realizó el primer censo de población.
Soldados norteamericanos en la Loma de San Juan, Santiago de Cuba
The Cuba Review Magazine.  Abril 1918 (Foto 1899)
  
 En los cuatro años de gobierno del ejército norteamericano en Cuba se promulgaron decenas de leyes de diferente alcance y naturaleza. La sociedad, de una punta a otra del país, vio aumentar considerablemente su nivel de vida. La salud y la higiene fueron elementos fundamentales en las políticas aplicadas. Se construyeron hospitales, clínicas y puestos médicos en toda la isla. Se reconstruyó el sistema de alcantarillado y aguas residuales de cientos de ciudades y pueblos. La educación ocupó un lugar primordial en las leyes de la administración norteamericana. Se levantaron escuelas por todo el país hasta en los lugares con al menos quinientos habitantes. Se hizo obligatoria la enseñanza hasta el sexto grado. Miles de maestros se formaron en cursos de capacitación en universidades norteamericanas, donde la centenaria Universidad de Harvard ocupó un lugar prominente.
  Esas políticas, de gran alcance social, ayudaron a preparar el camino del desarrollo que alcanzó Cuba en la primera mitad del siglo XX.  
Luego de la permanencia en la isla del ejército norteamericano por cuatro largos y fructíferos años, el gobierno de los Estados Unidos de América, como elemento vinculante que intervino en  la derrota del ejército colonial español que durante cuatro siglos dominó la isla, y cumpliendo las decisiones de su Congreso en relación a la entrada y salida de sus fuerzas armadas en el conflicto, ordenó bajar la bandera de las muchas estrellas y el gobierno cubano, recién elegido democráticamente por primera vez en su historia, izó la bandera de la estrella solitaria. El 20 de mayo de 1902, día del intercambio de las enseñas nacionales, da comienzo a la zozobrante e inestable historia republicana de la nueva nación.
 Tomás Estrada Palma, aún candidato a la presidencia de la república por estrenar, llegó directamente a Gibara desde su exilio en Nueva York el 20 de abril de 1902. Visitó Holguín, Bayamo, Yara y Manzanillo. En el viaje hacia Santiago de Cuba, en el vapor Reina de los Ángeles, escribió, el día 30, las siguientes palabras que, como un resumen de las esperanzas de los cubanos de entonces, expresaban la esencia del pensamiento martiano(10):


"En la marcha sucesiva desde Gibara a Bayamo y Manzanillo he sentido desbordarse mi alma en raudales de emociones infinitas. Nunca antes se había presentado a mis ojos tan hermosa y risueña mi Cuba querida, tan fecundo su suelo, tan límpido y despejado su horizonte, ni tan bello su cielo azul. Por doquiera veía unirse, estrecharse en apretado haz los corazones, como si un hada misteriosa tuviese por encargo derramar por todas partes los dones divinos del amor fraternal, puro y sincero. En medio del éxtasis de dicha tanta he visto surgir, gallarda y majestuosa, la noble imagen de la Nación cubana, vuelta al pasado la espalda hercúlea y trazado con mano firme la ruta del porvenir; mientras de su frente alabastrina brotaba a raudales la luz, y vibraba en sus labios el eco solemne de profética voz, que, cual mandato imperioso de sublime patriotismo, proclama como lema santo de la República, el trabajo que ennoblece, la paz que fecunda, el orden que afianza, la concordia que une, la tolerancia que aproxima y el ejercicio discreto de la libertad que mantiene en el fiel la balanza de los derechos y deberes del ciudadano y que garantiza el respeto y la obediencia a la autoridad y la ley ".


  La Enmienda Platt, apostilla lateral que el gobierno de los Estados Unidos incluyó en la constitución cubana de 1901, autorizó al ejército norteamericano a ocupar la isla ante cualquier conflicto interno que pusiera en peligro la estabilidad del país y con ello el riesgo del capital norteamericano invertido en él. Esta enmienda se convirtió en un martinete en el pensamiento social, histórico e intelectual de los cubanos en todo el  siglo XX. Fue presentada por el senador Orville H. Platt, senador por el estado de Connecticut, como parte de la Ley de Gastos del Ejército presentada al Congreso y como medio de asegurarse que la presencia norteamericana en la guerra, con las pérdidas humanas y materiales ocasionadas a su país, no cayera al vacío y fuera recompensada. Estuvo vigente hasta 1933, cuando el presidente Franklin Delano Roosevelt la derogó al aprobarse un nuevo tratado de reciprocidad comercial entre Estados Unidos y Cuba, como resultado de la política del buen vecino impulsada por su  gobierno.
  Una de las principales políticas públicas de los primeros gobiernos republicanos fue la apertura a la inmigración. En la provincia de Oriente, con una población de algo más de trescientos veinte mil habitantes en 1899, el crecimiento poblacional fue de tal magnitud, que al concluir el censo de 1953 la población casi había crecido en seis veces, alcanzando un millón ochocientos mil habitantes(11).
  La mayoría de los que llegaron a Cuba durante las tres primeras décadas del siglo XX provenían de España, principalmente canarios, gallegos y asturianos, con cifras cercanas al millón de personas. Igualmente ingleses, suecos, alemanes, italianos, daneses, polacos y rusos, formaron parte de una de las mayores migraciones en la historia de Cuba. La política que movía esta inmigración se apoyaba en condicionamientos racistas. Hay que blanquear la isla, fue la frase que, heredada del pensamiento de las élites criollas del pasado siglo, recorría las cúpulas políticas, económicas y sociales en los comienzos republicanos. Pero no solo de Europa procedían los inmigrantes. La población de chinos, árabes -en su mayoría sirios y libaneses-, y braceros caribeños -con predominio de Jamaica y Haití-, se asentaron en todo el país. Siendo la zona nororiental de la isla su mayor receptor. A pesar de ser casi masiva en tan pocos años, esta inmigración no cubrió, en muchos casos, las necesidades de mano de obra que desató la fuerte inversión de capital en los alrededores de la bahía de Nipe.

Las inversiones de capital y el aumento poblacional

El historiador holguinero José Vega Suñol, en su libro Norteamericanos en Holguín, describe cómo el desarrollo científico de la agricultura en los Estados Unidos, al comenzar el siglo XX, fue una de las causas que determinaron el auge económico de la zona, al ser utilizados en la agricultura cubana tales adelantos tecnológicos:

Después de 1890, la producción agrícola de los Estados Unidos recibió un fuerte impulso con la puesta en práctica de los resultados de la revolución agrícola norteamericana que había tenido lugar entre 1860 y 1910. Desde sus colegios agrícolas y estaciones experimentales llegó un flujo de información sobre análisis del suelo, empleo de fertilizantes, experimentos para lograr nuevas razas de ganado mediante cruzamientos, control de plagas y enfermedades, entre otras. Como consecuencia, se ampliaron las tierras y áreas de cultivo, creció la producción y el rendimiento agrícola e industrial, aumentaron las cosechas y creció la masa ganadera. Las compañías y colonos norteamericanos en Cuba aplicaron parte de estos resultados en beneficio propio, aunque también se originó una transferencia, asimilada por los productores cubanos. El factor más estimulante para la realización de estas transformaciones sería el alto precio alcanzado por el azúcar después de iniciada la Primera guerra mundial.

 Según el Anuario Estadístico de Cuba, entre 1902 y 1939, la producción de azúcar en la provincia de Oriente pasó del 14 por ciento al 30 por ciento de la producción nacional.


Inversiones industria azucarera (1901-1919)

NOMBRE INICIAL AÑO NOMBRE ACTUAL MUNICIPIO HOY

Boston 1901* Nicaragua Banes Desarmado
Preston 1907 Guatemala Mayarí Desarmado
Alto Cedro 1909 Loynaz Hechevarría Cueto
Central Rey 1916 Urbano Noris Urbano Noris
Tacajó 1917 Fernando de Dios Báguanos
Tánamo 1919 Frank País Frank País Desarmado

*   La construcción comienza en 1899 y su primera molienda en 1901


 De la misma manera que en la agricultura, con la diferencia de una mayor complejidad del tema, los adelantos tecnológicos en el procesamiento de los minerales alcanzados en Estados Unidos dieron lugar a la construcción de tres fábricas entre 1906 y 1960.


Inversiones en la industria minera (1906-1960)

PRODUCTO INICIAL NOMBRE INICIAL AÑO NOMBRE ACTUAL MUNICIPIO

Hierro Felton 1906 Desactivada 1913* Frank País
Niquel + Cobalto Nicaro 1943 Pedro Soto Alba Mayarí
Sulfuros Ni + Co Moa Bay Mining Co. 1960 Ernesto Guevara Moa


* La planta de Felton, construida para obtener el mineral hierro (Fe) de las montañas cercanas, fue desactivada ese año. El hierro obtenido no le otorgaba la calidad requerida, por la compañía norteamericana que explotaba la mina, al acero fabricado en una planta en los Estados Unidos. Aún no se habían descubierto las reservas de níquel de la zona. Las lateritas, una de las formas en que se encuentra el níquel en la naturaleza, posee una primera capa con alto contenido de hierro. A mayor profundidad va disminuyendo el % en hierro y aumentando considerablemente el % de níquel en el mineral.


Pueblos de Miranda, Oriente y Jaronú, Camaguey
The Cuba Review Magazine. Marzo 1923
 Alrededor de los centrales azucareros y las fábricas de procesamiento de minerales se levantaron la mayoría de los pueblos que hoy conforman el entorno de la bahía de Nipe. El resto fueron fundados cercanos a dichas plantas y en sinergia con el desarrollo económico que generaron esas industrias.
Los norteamericanos calculaban, en el monto de las inversiones, toda la infraestructura necesaria para el buen funcionamiento de una comunidad donde vivirían los ejecutivos y profesionales estadounidenses y cubanos y los técnicos y obreros que necesitaba cada proyecto industrial. Al mismo tiempo en que la fábrica tomaba forma, lo hacían las viviendas, las calles y los caminos, vías férreas y una completa red de servicios públicos con escuela, hospital, oficinas, cine, correos y telégrafos.
 Las viviendas alrededor de las fábricas se construyeron en el estilo francés conocido como balloon frame. Casas tipo chalet con techo a cuatro aguas, portal al frente y corredores alrededor, paredes de madera machihembrada, piso entablado de pinotea y gran cantidad de puertas y ventanas. Muchas de ellas, principalmente la de los norteamericanos, fueron levantadas sobre pilotes. Esto respondía a la manera en que los americanos construyen sus casas en su país. En vez de albergar en los sótanos los equipos de calefacción, como es habitual en Estados Unidos, dejaban estos espacios  abiertos como forma de ventilar las viviendas y disminuir, un poco, el intenso calor tropical. A lo sumo le colocaban rejillas de madera.
Aún quedan algunas de estas viviendas, viejas y transformadas, en algunos pueblos holguineros. En Delicias, por ejemplo, se conserva el barrio americano, como le llamaba el pueblo, construido alrededor del central azucarero. Posiblemente sea la única muestra de conjunto, de este tipo de arquitectura, que se conserva en toda Cuba.

 En la provincia de Oriente el número de núcleos entre mil y ocho mil habitantes pasó de veintiuno, en 1907, a treinta y dos, en 1919. Entre ellos los poblados de Alto Cedro, Marcané y Cueto. De una población de cincuenta y siete mil habitantes, se pasó a más de noventa y dos mil en una docena de años. En 1931 eran ya cuarenta y siete con una población de casi ciento treinta y cinco mil habitantes. Más de cien mil en menos de veinticinco años. Entre todos ellos nuestros ancestros, que llegaron a Barajagua, Cueto y Marcané(12).
  A pesar de la variada y copiosa inmigración que invadió la zona desde diferentes puntos, la acelerada inversión de capitales, en tan breve tiempo, trajo aparejada una falta de mano de obra. Esto ocasionó que los salarios cubanos se dispararan. Un ejemplo de ello es el de la United Fruit Co., una de las más importantes generadoras de puestos de trabajo del entorno, que en 1914 pagaba a un cortador de caña en Cuba el doble de lo que ganaba un peón trabajando en la construcción del canal de Panamá. Es fácil entender entonces porqué la isla se situó en el punto de mira de los jornaleros agrícolas del resto de las islas caribeñas (13).
 En la revista The Cuba Review(14), editada en Nueva York por la compañía naviera Munson Steamship Line, se aprecia en buena medida el tamaño y alcance de las inversiones extranjeras y nacionales que recibió la zona de Nipe. Los datos del año de 1920, avalados por el Vice-Cónsul norteamericano en Antilla, Joseph F. Buck, ponen en dudas las opiniones adversas y las falsas definiciones vertidas sobre miles de revistas, periódicos y libros, publicados en Cuba hasta el día de hoy, en relación al alcance socio-económico generado por las relaciones entre la recién estrenada República de Cuba y los Estados Unidos de América en las primeras décadas del siglo XX. Sobre todo, y fundamentalmente, en el desenvolvimiento de las decenas de miles de familias criollas y extranjeras que poblaron la zona del valle de Nipe. Y en general, en la inmensa cantidad de inmigrantes que llegaron al país buscando la oportunidad que les había sido escurridiza en su lugar de origen. Una gran cantidad de los fundadores de todos los asentamientos que poblaron la zona en el período, como en el caso de Cueto y Marcané, provenían del otro lado del Atlántico.

Ver video Zafra de 1916.


Notas

Itinerario Munson Steamship Line.
The Cuba Review Magazine. Diciembre 1917
(9)  Abel F. Losada Alvarez. Cuba: expansión azucarera e inmigración. Una aproximación regional (Universidad de Vigo)
(10)  Juan F. Pérez. Homenaje a la República de Cuba en su centenario. Tomás Estrada Palma, en ese momento, ocupaba el cargo, por   órdenes expresas de José Martí, de Primer Secretario del Partido Revolucionario Cubano.
(11)  Oficina Nacional de Estadísticas. Censo comparativo 1899-1953. pág, 181.
(12)  Vega Suñol, obra citada.
(13)  Abel F. Losada Alvarez. Ob, cit, pg. 12.
(14)  The Cuba Review. 
Esta revista constituye un documento muy valorado en la actualidad. La gran cantidad y variedad informativa contenida en más de dos décadas de publicación, la convierte en un documento invaluable para historiadores y escritores. De tirada mensual y con más de cuarenta páginas, la cantidad de temas transcurrían entre informes contables de compañías cubanas y norteamericanas que operaban en el país, tanto privadas como estatales; reportes azucareros y en general de todos los productos de la agricultura isleña; inversiones, reportes y análisis financieros de bancos nacionales y extranjeros operando en Cuba; índices de exportaciones e importaciones de Cuba; crónicas periodísticas sobre Cuba, sus regiones y sus habitantes; publicidad variada; itinerarios de las compañías transportadoras de pasajeros y carga por carretera, ferrocarril y navieras, con una amplia información de los diferentes itinerarios de la compañía norteamericana MUNSON STEAMSHIP LINE, dedicada a transportar personas y mercancías desde varios puntos de los Estados Unidos (Nueva York, Mobile, Nueva Orleans) hacia Cuba, Centro y Suramérica. De esta revista haremos una serie de artículos acerca de las crónicas que sobre Cuba aparecen en sus páginas.












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