El precio del comunismo



"Hay mucho egoísmo, mucha competitividad y tanta libertad (en Corea del Sur), que tener que decidir todo cuesta un esfuerzo infinito".      Hwang Chol

          
"En mi país (Corea del Norte), existe un régimen basado en la mentira, el sometimiento y el engaño inmisericorde al pueblo".                       Lee Chung-hyuk

El País, en su edición de hoy, publicó una entrevista realizada a dos jóvenes norcoreanos que lograron llegar a Corea del Sur a través de China y Mongolia.  Hwang Chol y Lee Chung-hyuk.  Hwang, de 32 años, lleva seis viviendo en el Sur.   Estudia Administración de Empresas en la Universidad de Hankuk y es presidente de la Asociación de universitarios norcoreanos.  Estudió, según cuenta, Ciencias Políticas y Revolucionarias en Corea del Norte para retrasar su entrada al ejército.  Lee Chung, de 24 años, estuvo un mes en un centro del Servicio de Inteligencia surcoreano al llegar, pues sospecharon que era un agente norcoreano.  A los 8 años tuvo que dedicarse al mercado negro para mantener a la familia y olvidarse de los estudios.  Sus inicios en el Sur fueron duros, pero logró superar el desafío de una escuela más rigurosa que la del Norte, según cuenta.

Con independencia del rigor y control a que fueron sometidos los países donde se implantó el socialismo real del siglo XX, los daños antropológicos causados en esas sociedades son directamente proporcionales al tiempo de duración de tales sistemas.

Se han realizado una serie de investigaciones, documentales, películas y exposiciones de artes, en relación a temas como la economía, la política, los servicios secretos, y hasta de la cantidad de muertos y desaparecidos en el llamado campo socialista, que no dejan de ser cruciales a la hora de evaluar lo dejado por esos gobiernos tras el paso del comunismo.

Pero hay un campo, el de las Ciencias Sociales, en el cual apenas hay estudios serios y profundos para evaluar todo el daño causado.  Los daños al hombre en sí.  A su carácter, sus voluntades, sus percepciones del mundo y de la vida.  La antropología, la sociología y la psicología, entre otras, fueron esquilmadas y vetadas en los centros de estudio de todos los países con sistemas políticos totalitarios.  Algo así como el destierro sufrido por las ciencias naturales durante la hegemonía teológica del medioevo.  Puntos de contacto entre la Iglesia de esos tiempos y el sistema comunista del siglo XX.  Intolerancia por hegemonía.

En mi país, Cuba, los daños antropológicos y de identidad adquieren dimensiones tales, que muchos estudiosos hablan del cuasi desmoronamiento de la nación si no se logra, en un  tiempo relativamente corto, desmontar el cuasi sistema monárquico que cumple 54 años años mañana.

Se recompondrá la economía, de eso no hay duda.  Se volverán a ocupar espacios dignos, y hasta sobresalientes, en el conjunto de países de la región en campos tan importantes como el transporte, las comunicaciones, la agricultura.  Pero tendrán que pasar al menos dos generaciones para tener una sociedad sana, donde la ética, la moral y el respeto a la ley, sean atributos inmanentes al individuo social. 

Lexington,  diciembre  31,  2011

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