Agradecer


Agradecer es una acción tan vieja como el hombre mismo y su civilización.  Es más, me atrevo a decir que en las cuevas del paleolítico inferior, cuando junto a su pequeño clan adoraba ídolos como única manera de dar para obtener, ya brotaba en él ese sentimiento.  Son los comienzos lejanos de la religión, que es en definitiva, el agradecimiento de los hombres por su existencia.

El Día de Acción de Gracias (Thanksgiving), tradición norteamericana que se celebra el cuarto jueves de noviembre de cada año, es no sólo la más antigua, sino la más venerada de sus celebraciones.  Los norteamericanos y canadienses, sin temor a equivocarme, entre las palabras que más usan diariamente está la tan deseada y necesaria GRACIAS.  A veces, en mis años trabajando entre ellos y por la repetición y constancia de la palabra, me he dicho; <¡pero si me dio las gracias hace menos de un minuto!>  Ante cada ayuda que le brindas, por muy pequeña e imperceptible que parezca, recibes las gracias por tu acción.  

Son varias las fechas sobre el origen de las festividades del agradecimiento en las tierras del nuevo mundo a la llegada de los europeos.  La primera reconocida fue el 23 de mayo de 1541. Una expedición española, liderada por Francisco Vázquez de Coronado, partió de México hacia el oeste en busca de Cíbola, legendaria ciudad repleta de riquezas.  Luego de varias jornadas sin probar alimento se encontró con los Caddos, grupo de tribus amerindias, en un lugar del actual territorio de Texas.  Allí fueron recibidos por los indios que, en vez de oro y piedras preciosas, le obsequiaron con sus alimentos.

En septiembre de 1565 otro conquistador, Pedro Menéndez de Avilés, fundador de la primera ciudad europea en territorio norteamericano, celebró con sus hombres el haber llegado con vida a tierras de La Florida.

En Canadá tiene su origen en el explorador Martín Frobisher que, en su búsqueda de un pasaje por el norte para llegar al Océano Pacífico, dio gracias a Dios luego de atravesar los peligrosos mares del norte entre Inglaterra y la isla canadiense de Baffin.

Aunque existe controversia entre los historiadores en cuanto al lugar de origen de la tradición moderna en los Estados Unidos, la del año 1621 se ha convertido en la más famosa de todas.  Tal vez la historia misma que dio origen a la celebración, dramatiza e hiperboliza su significado mucho más que los rutinarios servicios de agradecimiento existentes en la colonia de Virginia, que reclama como su fundadora, desde que en 1607 se asentaron los primeros ingleses en el pueblo de Jamestown.

El 11 de noviembre de 1620, ciento dos personas a bordo del barco Mayflower procedente de Inglaterra, arribaron a la costa de lo que hoy es el territorio de Massachusetts y fundaron la colonia de Plymouth.  Los Padres Peregrinos, como son conocidos en la historia estadounidense estos primeros colonos, llegaron a Norteamérica huyendo de las guerras político-religiosas europeas y de la represión desatada en su contra por las diferencias con la iglesia anglicana que fundó Enrique VIII. Entre ellos venía William Bradford, el primer gobernador del asentamiento entre 1621 y 1656 y el primero en proclamar la costumbre del Día de Acción de Gracias.

Llegaron con el invierno y la experiencia inicial no fue tan acogedora.  En el primer año, entre el desconocimiento de la tierra, las enfermedades y el hambre, murieron casi la mitad.  Los Wampanoag, tribu del lugar, les enseñaron los secretos de la tierra y les proveyeron de las primeras semillas para la siembra y el cultivo.  Recogieron sus frutos,  se adaptaron y lograron sobrevivir.  Al año de su llegada, Peregrinos y Wampanoag decidieron celebrar y dar las gracias al recoger su primera cosecha.  Un testigo presencial, Edward Winslow, dejó escritas las siguientes palabras sobre la ocasión: "Salieron a cazar cuatro hombres y trajeron grandes cantidades de aves de corral".
El resto de los alimentos que se utilizan hoy,  seguramente no estuvieron presentes en el primer acontecimiento, pues la papa, el camote y el azúcar, difícilmente hubieran llegado a la mesa que se preparó aquel día, y con bastante seguridad ni la sidra, ni el vino, tan típicos en la celebración contemporánea.

En la tradición, además del pavo asado con la salsa dulce de arándanos, se sirve puré de papas, de maíz, judías verdes, pastel de calabaza, de nuez, tarta de manzana, acompañados con sidra de manzana y vino.  El agradecimiento a los alimentos, y por ende a la continuidad de la vida, sigue siendo el centro espiritual de una de las celebraciones familiares más hermosas en los Estados Unidos: Thanksgiving. 

De ello, los hispanos debemos aprender, pues en muchas ocasiones de la vida diaria pasamos por alto el agredecer. Y aunque esté presente el sentimiento, dar, tanto como recibir, tiene una palabra con que expresarlo: GRACIAS!

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