Para que el agua llegue al río

Un concierto en La Habana

Lo interesante del concierto de Juanes y sus invitados será -llegado el momento real- la actitud de los protagonistas invitados del exterior cuando se dirijan al pueblo asistente y en especial a los de las primeras butacas. Esos que estarán sentados más cerca del micrófono que el resto.
La plaza de la Revolución es un lugar inmenso, abierto y de bastante facil acceso. Ese día, si por fin se realiza tal concierto, estará repleto de personas. Cientos de miles. El pueblo que asistirá, ese que estará detrás, que llegó caminado, en guagua (bus), en bicicleta, estará fascinado. Por unas horas, los cubanos bailarán y gozarán como siempre.
La música y el baile hacen olvidar las penas. La vida diaria, dura y difícil para millones de isleños, se volatiliza con el primer toque de tambor y los primeros movimientos del cuerpo. Así es Cuba, así son los caribeños.

Lo que no saben los que allí cantarán llegados del exterior, es el "trillo" que tendrán que andar al bajarse del avión. Con "sutileza" le dejarán caer el programa a ejecutar y ni osar salirse del libreto. Eso lo saben otros que ya han desandado La Habana y aún guardan -y le guardan- "íntimos" recuerdos de su estancia en la isla. En cualquier espacio cabe una cámara comprometedora. Desde el baño, la habitación del hotel, los bellboys, los camareros, el "amigo" de la calle y hasta el guía planificado por los policías políticos
trasvestis -son capaces de asumir las más disímiles transformaciones de la mente y el cuerpo humano.
Lo único que les quedará de espacio libre para intentar decir lo que sienten, será el momento de su presentación.
Y es ahí donde sabremos todos hasta donde llegan sus intenciones.
Juan Pablo II tuvo esa oportunidad y la aprovechó. A su manera y tal como le permitía lo "políticamente correcto". Hizo un llamado al mundo y a Cuba a que se abrieran mutuamente. Eso fue y es válido.
En otra ocasión, el ex´presidente Carter logró hablarle en vivo al pueblo cubano. Desde la Universidad de La Habana e igualmente bajo las premisas de la diplomacia, dijo a los cubanos su mensaje.
En ambas ocasiones estaba presente Fidel Castro, que nuevamente hizo gala de su "maestría" para que el agua no llegara al río.
Esta vez no estará. Pero si todo su aparato trasvesti.

Juanes, que destila honestidad, sencillez y humanidad en su imagen y actitudes. Olga Tañón, la guarapachosa puertoriqueña, Miguel Bosé -que ya ha estado en Cuba- y los demás que decidan ir, tienen una "rendija" donde colocar su voz. Tienen la posiblidad de decir lo que realmente piensan y sienten. Esta vez no hay porque cumplir menudas exigencias diplomáticas. Son artistas.

Micrófono en mano, a los trasvestis sólo les queda esperar a que se comporten según la cartilla leída. Y es ahí ese momento significante. Podrán gritar al mundo entero, como el guajiro que por primera vez vió y tomó en sus manos un micrófono. El mismo del cuento popular cubano que preguntó si el mundo entero podía oir a través de aquel artefacto lo que el quería decir, gritando a todo pulmón... AUXILIOOO!!!
Tienen esa posibilidad. Esperemos el concierto.

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